VISIONES DE LA ANTROPOSOFÍA O TRATADO SOBRE LO COOL Y LO RUDO

Elvia Rosa Castro

La obra de Yoan Capote se desarrolla dentro de una tendencia generacional en la que muchas veces ha predominado la habilidad mental y el chiste light de las propuestas artísticas sobre el dominio del oficio y el regio pensamiento o la investigación. Donde la pose medio naif y el hurto desfachatado –que no el pastiche posmoderno- eran y siguen siendo prácticas comunes, tal como la proliferación de slide shows verificadores de acciones procesuales y efímeras que parecieron signar una época.

Sin embargo, este joven artista ha sabido sortear todos esos facilismos que andaban coqueteándole y ha hecho todo lo contrario. Porque es hábil sí, pero por encima de ello es virtuoso: mental y artesanalmente hablando. Y esta conjunción le ofrece una ventaja enorme.

Su trayectoria ha ido variando desde una poética basada en la realización de artefactos –esta palabra no me gusta pero es la que va- que propiciaban y exigían la complicidad de nuestras sensaciones[1] y reflexiones a partir de una interacción que él llamó ready-made[2] de la acción, hasta la exploración en el pensamiento de estructura esquizoide, en esos estados mentales propios de las sociedades contemporáneas que el artista solucionó apelando a lo más actual: el diseño. De esta manera abría un ciclo, digamos, más efectivo y contundente aunque, paradójicamente, la participación del público fuera más contemplativa que en los primeros años de creación.

La obra de Capote vive en una tensión constante y todo parece indicar que en esto radica la seducción –además del oficio, claro. Estoy muy segura de que su obra es antimoderna en el sentido de que obvia todas las nociones o construcciones teóricas de la Modernidad o por lo menos en sus representaciones las hace trizas. Me refiero por ejemplo, a la constatación de la identidad como ficción, al nomadismo, a las bifurcaciones mentales, al antibinarismo y al carácter rizomático de sus propuestas. Del mismo modo que Hamlet gritaba que el tiempo estaba out of joint, Yoan nos alerta acerca del descentramiento mental y en consecuencia conductual y objetual. De ahí que sus obras sean resueltos prototipos de híbridos.

Pero él no renuncia al objeto escultórico y mucho menos a esa noción renacentista de disegno que designaba a la composición. Aquí se vuelve moderno, por eso hablo de cierta elasticidad tensa en su obra. Es decir, ellas se afincan en el espacio y nos trascienden en el tiempo. Hay esa megalomanía propia del moderno de prolongarse en y a través de sus creaciones, propiciada sobre todo por el espectro de materiales que utiliza: desde el concreto hasta el bronce, pasando por el mármol, acero, etcétera, etcétera. Versátiles ensayos visuales que funcionan lo mismo dentro que fuera de las galerías, algo bien difícil de lograr por otros artistas.

Al mismo tiempo, el artista recurre al cuerpo –algo tan pre-occidental y anti-sígnico- para representar la dispersión mental de Occidente. En este punto se arma otra fruición interesante, aquella que implica al ego versus corpus, ego versus alter o dicho en palabras de José Ortega y Gasset, “ensimismamiento y alteración” como el sino del ser contemporáneo. “El concepto orteguiano de alteración tiene la propiedad de significar, de un solo golpe, tanto un estado anímico como la otredad”.[3]

Según el teórico español, cuando “el hombre se siente perdido, náufrago en las cosas”,[4] podemos hablar de alteración. Un hombre perdido en las cosas es un hombre sin identidad, un hombre-masa a lo Ortega, o una multitud para hacer uso del término de Tony Negri aunque no son conceptos idénticos.

Naufragar en las cosas, perderse en ellas significa que el hombre se ha mezclado con el referente, se ha confundido y fundido. He aquí el quid de la obra de Yoan Capote. Ni más ni menos. Es por ello que se ha convertido en un retratista atípico.[5]

La experiencia de la colectividad lo ha marcado de tal modo que fue dejando las incursiones medio humoristas alrededor del sexo y el mercadeo, no tan visceral y autobiográfico como en el caso de la Bourgeois pero con semejantes nociones de la relación cuerpo-sensación, para dar paso a un híbrido estilizado y consistente. Menos narrativo y más compacto. Como una masa incorruptible aunque, son los tiempos, fragmentada.

Así puede explicarse Paranoia, no sólo como un retrato de perfiles de rostros reales fotografiados que en la obra se cuidan a sí mismos de algo indefinido sino una alegoría del life style contemporáneo. Una refinación perversa del enrollado de tapias que tanto pulula en América o de ese enrejamiento de terrazas y balcones que altera el urbanismo insular. O la paranoia como el origen de los controles.

Cada fragmento del cuerpo humano es utilizado por Capote en obras diferentes y tratado con disímiles materiales –incluso en una pieza pueden coexistir dos materiales: bronce y concreto, por ejemplo-, como si quisiera, en la suma total, encontrar cierta identidad perdida: los testículos y el cerebro en Racional, los dientes en Stress, las orejas en Retrato de masa (lote), los huesos en Autorretrato (cada uno de nosotros). El cerebro en la espectacular maqueta de Open mind. Cualquiera diría que trata de restaurar cierto orden dislocado, de rehabilitar a través de esa mixtura que otorga a sus piezas una visualidad atrayente y atrapante.

Por otro lado, en todas esas obras, Yoan se muestra más escultor aunque sus dibujos-bocetos, de igual manera, son virtuosos. Además de que el diseño se ha vuelto más depurado y protagónico, indaga en el uso de materiales rudos seducido no solo por Brancusi –ya esto es sabido- sino por la escultura británica contemporánea. [6] A pesar de ello su obra no es lineal. No hay en Capote un compromiso fundamentalista con el soporte o la temática a tratar en sus obras, no es un adicto a los manifiestos que te lían a una moda y en consecuencia está muy lejos de la reiteración, de agotar un tema hasta la saciedad, tanto formal como conceptualmente. Él prescinde de todo esto. Y la investigación juega un papel fundamental, le hace ir y venir sin prejuicios, sin buscar a priori un estilo, una marca. Desde Tracc bakk Track hasta Psicomorfosis la trayectoria ha sido sinuosa, rizomática, alejada de fórmulas. La no existencia de recetas lo hace totalmente libre.

Uno de los tópicos más interesantes en su poética es que sus piezas parten de retratos “reales”, o mejor dicho, sus materias primas tienen su biografía, constituyen raras fichas “técnicas” de personas que, de súbito, son anónimas. Como resultado, Capote se convierte en un documentalista que rechaza la objetividad de la representación o un antropólogo que abandona la solemnidad del ritual épico-comunitario para traernos un retrato de grupo especial. Moderno anti-moderno, descreído de las taxonomías. Sabe racionalmente que las letras son convenciones aunque al final exista un alfabeto.

 

 

[1] Hace años, a partir de un texto en el que escribí sobre la no pertenencia de Apolítico, obra de Wilfredo Prieto, a la lógica del Tercer Salón de Arte Contemporáneo Cubano pues el tema de este era básicamente las sensaciones, una especialista del Centro de Desarrollo de las Artes Visuales me confesó que el origen del lema de dicho salón estaba un ULM-Huéleme, muestra personal de Yoan Capote de 1999.
[2] Darys Vázquez. “Yoan Capote. La constante mutación de los objetos”. En Artecubano. No. 2/2005. p. 45.
[3] Alexis Jardines. El cuerpo y lo otro. Editorial de Ciencias Sociales, 2004. p. 87.
[4] José Ortega y Gasset. El hombre y la gente. p. 43.
[5] Filosóficamente hablando creo que el tema ha podido explicarse pero de igual modo la obsesión del artista por el retrato colectivo puede explicarse desde varias aristas: la educación socialista, la convivencia en residencias estudiantiles, su pertenencia al colectivo DUPP (Desde una Pragmática Pedagógica) y sus lecturas de Filosofía e Historia del Arte. No es casual que cite en uno de sus statements, por ejemplo, a los Guerreros de Terracota en China alrededor de 210 a.c. para el sepulcro del emperador chino Qin Shi Huangdi, o a las masas del pintor cubano Mariano Rodríguez.
[6] Antony Gormleys y sus hombres de hierro o arcilla así como de los integrantes del llamado Young British Artits.

Stress, 2002 / Mixta/Cartulina / 70 x 50 cm
Stress (dibujo)
2002
Mixta/Cartulina
70 x 50 cm
Stress (in memoriam), 2004-2012 / Concreto, madera y dientes humanos / 85 x 65 x 53 cm
Stress (in memoriam)
De 2004 hasta 2012
Concreto, madera y dientes humanos
85 x 65 x 53 cm