Yoan Capote: Lo bello y lo mordaz

Phoebe Hoban

El arte de Yoan Capote logra algo sui generis: combina el humor intelectual, el corazón y la belleza con igualdad de intensidad. En años recientes, el arte conceptual a menudo le ha conferido un mal nombre a la ironía. Una obra que o bien es cínica, o deliberadamente sin estética, o ambas cosas, es por lo general lo que ha dominado. Pero Capote elabora su propio nicho idiosincrático; de forma consistente encuentra formas de mezclar la estética clásica con los conceptos contemporáneos, y crea piezas que son atrayentes desde un nivel físico, emocional e intelectual.

A veces, el humor resulta obvio, como sucede en “Racional” de 2004, un torso masculino, fundido en yeso, con estilo académico, que se jacta de un taimado transplante de órgano: en vez de los genitales, de su entrepierna sale un cerebro.  En otras ocasiones, es algo más sutil, como sucede en la obra titulada “Stress”, en la que varios dientes fundidos en bronce apoyan secciones de un pilar de cemento, una representación literal de la ansiedad que hace que los dientes rechinen y que solo se pone de manifiesto bajo un examen minucioso.  Al igual que gran parte del trabajo de Capote, lo específico fluye de forma perfecta hacia lo universal: el artista extrajo la idea de su propio proceso de rechinar los dientes durante la noche, pero su uso de moldes dentales anónimos tomados de una clínica en La Habana hace que la pieza adquiera un nivel colectivo. En su simplicidad austera y su elegancia estética, “Stress” ejemplifica el don que Capote tiene para transformar las ideas de su cerebro en piezas de arte visualmente poderosas y completamente accesibles: la belleza con una mordida real.

Si bien la mayoría del arte contemporáneo ha puesto énfasis en el elemento abyecto del aspecto físico humano, el trabajo realizado por Capote se centra en lo sensual, lo erótico e incluso en lo tierno.  Su deliciosamente inteligente “In love (After Brancusi), (2004)”, es un cubo de madera unido por bisagras que se abre para revelar una alegoría macho/hembra masculino/femenino: un miembro elemento cilíndrico, en sí mismo una suerte de bisagra, que penetra un hueco.  La santidad del cubo cerrado, suavemente dividido a la mitad, pone al desnudo la intimidad oculta de las partes gentilmente entrelazadas. Una pieza similar, fundida en bronce, sustituye al miembro “masculino” con un dígito, y sencillamente se llama “Touch”.

Un punto de vista diferente de la unión (macho/hembra) masculino/femenino se muestra en “Casados” (2004) en la que el zapato de la mujer se funde con el zapato del hombre, y crea una misma unidad en cuero. Este estilizado unizapato esta perforado conformado por un lado por un zapato masculino, y por el otro por su contraparte femenina, que funciona como un paréntesis visual; se presencia el “antes y después” del estado conyugal, al menos desde un punto de vista sartorial.

Capote hace un uso amplísimo de la escala y los materiales. Tomemos como ejemplo su modesta, pero poderosa pieza “Nostalgia” confeccionada en 2004.  Se trata de una maleta propiedad del artista, que lo acompañó en su viaje desde La Habana hasta Nueva York y de regreso, esta vez llena de ladrillos provenientes de Manhattan, lo que crea un juego de palabras visual – el artista sobrecargado con “el equipaje”- la experiencia de su viaje. En su pieza “in Tran/sit” realizada durante 2002, vemos el exterior del equipaje que comunica algo transitorio: una serie de maletas de hormigón y metal que forman un banco que más bien parece algo en de “objetos perdidos”.

El uso que Capote hace de las metáforas visuales basadas en objetos cotidianos evoca tanto a Magritte como a Duchamp: lo surreal confeccionado. Pero existe algo particularmente lírico respecto del trabajo de Capote; sus soluciones a los problemas artísticos que nos presenta de una forma no solamente pragmática sino también sorprendentemente poética.

Capote, que nació en Pinar del Río en 1977, comenzó a estudiar arte a la edad de 11 años en la Escuela Provincial de Arte en su ciudad natal. Cuando tenía 14 años, asistía a la Escuela Nacional de Arte en La Habana, para concluir su bachillerato en el Instituto Superior de Arte. Estudió con René Francisco en el Instituto Superior de Arte de La Habana, y participó en un grupo llamado DUPP, sigla que en español significa “Desde Una Pragmática Pedagógica”. Con 24 años de edad enseñaba en la escuela.

El artista nos dice: “Creo que el arte entraña sensibilidad y pensamiento” y siempre inicia una pieza poniéndole un nombre en su libro de bocetos. En efecto, su arte comienza en el mismo acto de darle un nombre a su idea. El título y el tema que evoca planta la semilla del trabajo individual, y también determina su escala y material. Para Capote, primero viene el contenido, a lo que le sigue la forma, según nos dice al expresar: “El cómo producir la obra no es lo más importante: la preocupación verdaderamente importante para mi es cómo relacionarme con la mente de los espectadores”.

Cuando visité a Capote, me lo encontré trabajando en un estudio de dos pisos, sin comodidades, en La Habana. Entré a un área extensa, áspera donde se mostraba una de sus posesiones más valiosas: un Studebaker de colección – un automóvil antiguo norteamericano que se ha convertido en un ícono de la Cuba contemporánea, detenida en el tiempo.  (Recuerde esas fotografías en tonos sepias de La Habana).  Pero al igual que muchos artistas de su generación, Capote se afana por trascender sus raíces geográficas e históricas.  Y aunque su arte esta ciertamente conformado en parte por su vida cotidiana, su visión se extiende mas allá del famoso muro del Malecón que separa a Cuba del resto del mundo.

“Creo que mi experiencia como artista cubano se refleja en mis obras de muchas formas, y creo que la mayor parte del tiempo lo hago de forma inconsciente, creo que no es bueno explotar en demasía el exotismo de la identidad. Porque puede llevar el arte a un estereotipo, y se puede tornar en un círculo vicioso que hará que la obra resulte banal. Es el gran desafío que encara mi generación: encontrar un equilibrio entre nuestras experiencias personales fuertes y contextuales y nuestra necesidad de proyectarnos en tanto que artistas internacionales. Deseo expandir mis preocupaciones cotidianas por medio de una sensibilidad humana, porque la sensibilidad humana per esta en un idioma internacional”, nos dice el artista.

Es precisamente este idioma internacional -la lengua franca de la condición humana- que Capote articula con suma elocuencia, tanto con ingenuidad como con visión interna, en su obra original y que obliga.

Casados, 2004 / Zapatos de cuero / Dimensiones variables / Foto: Stephen Wilkes
Casados
2004
Zapatos de cuero
Dimensiones variables
In love (after Brancusi), 2004-2007 / Madera y bisagra / 25 x 25 x 25 cm
In love (after Brancusi)
De 2004 hasta 2007
Madera y bisagra
25 x 25 x 25 cm
In tran/sit, 2002 / Concreto sólido y metal / Maletas a tamaño real / Maletas a tamaño real
In tran/sit
2002
Concreto sólido y metal
Maletas a tamaño real